Todavía sigue ocurriendo. Pensé que sería solo me tomaría un poco de tiempo agarrarle la viada y práctica a los cursos. Un poquito de amor por los números y las ciencias exactas, un poquito de ternura por las utilidades y el proceso técnico de las ganancias.
Creo fielmente en lo que una vez escuché sobre la administración, era algo así “El arte de la administración no es generar utilidades, sino hacer que todo el proceso administrativo logre un engranaje productivo (no sólo de mantener márgenes de utilidad) para todas las partes que lo componen” o tal vez fue una idea que generé yo misma.
Sucede que llevo ya un año tratando de lidiar con la universidad por las noches. Siempre quise ser universitaria, fue parte de mis sueños frustrados de adolescencia, pero quizá no de esta manera. Por cosas del destino terminé estudiando esta carrera en un programa para “adultos” con “experiencia” en el campo. Reconozco que nunca pensé, en mis años de secundaria, que terminaría haciendo lo que hago ahora, nunca me imaginé metida en un escritorio haciendo algo que no usara ni un ápice de creatividad. Me gusta el servicio, más no las cuestiones prácticas, sin embargo terminé resolviendo problemas prácticos de una oficina y ya llevo más de 5 años haciendo lo mismo. Consecuencia de esto: el inicio de una carrera administrativa que no sé cuándo ni cómo voy a acabar.
OK, antes tenía la plena confianza de que hiciera lo que hiciera lo haría bien, y así era. Pero ahora simplemente no sé. Es como que no me siento encajada en esos temas, no encuentro nada profundo ni estimulante en las clases que escucho, y lo que es peor, tengo pésimos ejemplos de lo que no quisiera ser. Tengo muy cerca una mujer fría, calculadora, toda una ejecutiva altanera, con casa en la playa (lo cual me parece perfecto, ok, de eso no me quejo), que nunca vi procurar bienestar a nadie más que a ella misma, y que premian por ser un ejemplo. Ok, tal vez esto no es suficiente. Hace poco me reía con una amiga de un banner que publicaba la empresa en la que trabajo, aparecía una niña puneña, hija de alguna familia de las comunidades, pequeñita, con un globo con el logo de la empresa, sonriendo. La imagen de la niña es tierna, sin duda, pero me pareció la imagen del marketing más burdo. ¿Qué ha hecho esta empresa para colgarse de la sonrisa de esa niña? ¿Acaso le han ofrecido estudios, bienestar o trabajo a sus padres? Lo dudo mucho, por lo cual no me parece justo que por un día de ayuda social se cuelguen de esa imagen. No exagero, simplemente sé que ese tipo de imágenes no deberían usarse para reflejar el trabajo supuestamente serio de una empresa. Finalmente, de este lugar solo puedo decir que es todo lo contrario a lo que yo considero que debería ser un buen ejemplo de lo que deseo hacer en el futuro. Construir aquí es imposible.
Es algo triste y decepcionante que en un año de carrera los profesores de “especialidad” si se puede llamar así hayan resultado los peores profesores de todos los cursos, lo digo esto con lástima, porque no es lo mismo llevar una clase con alguien que siente pasión por su carrera y alguien que piensa que enseñar una carrera es redactar una receta, y que cualquier libro del tema fuera mil veces más interesante e inspirador. Terrible para mí.
Solo espero equivocarme, encontrar un día un modelo, un ejemplo motivador, que en la teoría o en la práctica demuestre que los negocios son más que ganancias. Que es bello manejar un grupo de gente y llevarlo a conseguir objetivos, logrando un trabajo digno y, si fuera posible, armonioso. Sentir pasión por ofrecer servicios orientados a la satisfacción de otros. Ojalá algún día me diga a mí misma que estoy equivocada y que todo este desgano es mero producto de mi flojera, más no de la incompatibilidad de gustos e intereses. Ojalá.
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